El éxito
La ley del éxito
Como lograr prosperidad, salud y felicidad mediante el
poder del Espíritu.
“Aquel que busca a Dios es el más sabio de
los hombres; quien le ha encontrado es el más exitoso entre todos”.
Lo
noble y nuevo
Canta canciones que nadie ha cantado,
Alberga pensamientos que nadie ha concebido,
Camina por senderos que nadie ha transitado,
Derrama lágrimas por Dios como nadie ha vertido,
Brinda paz a quienes ha brindado,
Reclama como tuyo a quien en todas partes es repudiado.
Ama con un amor que nadie ha sentido,
Y afronta la batalla de la vida con brío renovado.
Mi
derecho divino de nacimiento
Fui creado a imagen de Dios y lo buscaré primeramente,
asegurándome de establecer verdadero contacto con Él; después, si es su voluntad,
pueda todo lo demás –sabiduría, abundancia, salud- ser añadido como parte de mi
derecho divino de nacimiento.
Deseo obtener éxito sin medida, mas no de fuentes
terrenales, sino de las manos de Dios que todo lo poseen, que todo lo pueden,
que todo lo dan.
La ley del éxito
¿Es posible que exista algún poder capaz de revelarnos
ocultas vetas de riquezas y tesoros insospechados? ¿Existe alguna fuerza a la
cual podamos recurrir en nuestra búsqueda de la salud, la felicidad y la
iluminación espiritual? Los santos y sabios de la India afirman que tal poder
existe. Ellos han demostrado la eficacia de los verdaderos principios
espirituales, eficacia que puede ser también comprobada por cualquiera de
nosotros, siempre que estemos dispuestos a estudiarlos y aplicarlos
objetivamente.
Tu éxito en la vida no depende solamente de tu habilidad y
entrenamiento personal, sino también de tu decisión para aprovechar las
oportunidades que se te presentan. Las oportunidades se crean en la vida; ellas
no vienen por azar. Todas las oportunidades que surgen en tu sendero han sido
creadas por ti mismo, ya sea en la actualidad o en el pasado; un pasado que
incluye tus vidas anteriores. Puesto que tú mismo te has ganado dichas
oportunidades, has de aprovecharlas al máximo.
Si haces uso de todos los medios externos accesibles, así
como también de tus habilidades naturales para vencer cada obstáculo que se
presente en tu sendero, desarrollarás los poderes que Dios te ha otorgado:
poderes ilimitados, que fluyen de los potenciales más íntimos de tu ser. Posees
el poder de pensar y el poder de la voluntad: ¡utiliza al máximo tales dones
divinos!
El
poder del pensamiento
Tú manifiestas éxito o fracaso de
acuerdo al curso habitual de tus pensamientos. ¿Cuál es en ti la tendencia más fuerte:
los pensamientos de éxito o los de fracaso? Si tu mente se encuentra por lo
general en un estado negativo, un pensamiento positivo ocasional no será
suficiente para atraer el éxito. Pero si piensas en forma correcta, llegarás a
la meta aun cuando parezca que te envuelven las tinieblas.
Tu mismo eres el único responsable de tu destino. Nadie más
responderá por tus acciones cuando llegue el momento del juicio final. Tu labor
en el mundo –en la esfera en la cual te ha colocado tu propio karma, es decir,
el efecto de tus acciones pasadas- no puede ser desarrollada sino por una sola
persona: tu mismo. Y tu trabajo puede ser llamado, en verdad, un “éxito”,
únicamente en la medida en que haya servido en alguna forma a tu prójimo.
No es aconsejable revisar mentalmente un
determinado problema en forma constante. Conviene dejarlo descansar
ocasionalmente, dándole así tiempo para que se aclare por sí mismo; pero cuida
de que tú no descanses en forma prolongada que llegues a olvidarte
completamente de discernir. Aprovecha, más bien, dichos períodos de reposo para
profundizar más en tu interior, sumergiéndote en la honda paz de tu íntimo ser.
Entonces, una vez que estés en armonía con tu propia alma, serás capaz de
analizar todas tus acciones; y si adviertes que tus pensamientos o tus obras se
han desviado de la meta, podrás corregir su dirección. Este poder de divina
“sintonización” (o armonización) puede desarrollarse a través de la práctica y
del esfuerzo.
La voluntad es el motor
Para triunfar en cualquier empresa, además de mantener tus
pensamientos en un nivel positivo, debes emplear paralelamente el poder de la
voluntad y una actividad continua. Todo el mundo de las manifestaciones
externas no es sino el producto de la voluntad; mas dicho poder no siempre es
empleado en forma consciente. Así como existe una voluntad consciente, existe
también una voluntad mecánica. El motor de todos tus poderes es la volición, la
“fuerza de voluntad”. Sin ella no puedes caminar, conversar, trabajar, pensar o
sentir. La voluntad es, pues, la fuente de donde brotan todas tus acciones. Si
quisieras suspender el ejercicio de la voluntad, sería preciso que
permanecieses tanto física como mentalmente en la inactividad más absoluta, ya
que en el mero acto de mover una mano, por ejemplo, estas haciendo uso de la
voluntad. De hecho es imposible vivir sin hacer uso de esta fuerza.
La voluntad mecánica consiste en el empleo del poder la
voluntad en forma inconsciente. La voluntad consciente es una fuerza vital que
se acompaña siempre de determinación y de esfuerzo; es un motor que te entrenas
en ejercer la voluntad en forma consciente, y no mecánica, debes paralelamente
asegurarte que los objetivos perseguidos por tal voluntad sean constructivos y
valiosos.
Con el objeto de desarrollar el poder dinámico de la
voluntad, es útil proponerse realizar alguna de las cosas que te hayan parecido
irrealizables hasta aquí, comenzando primero por las más simples; luego, a
medida que tu confianza se fortalece y tu voluntad se torna mas dinámica,
puedes intentar realizaciones más difíciles. Una vez que estés seguro de haber
elegido bien tu meta, no debes aceptar por ningún motivo someterte al fracaso.
Ha de dedicarse toda la fuerza de la voluntad a la consecución de un solo
objetivo a la vez, sin dejar jamás algo a medio acabar para emprender algo
nuevo; se evita así la dispersión de energías.
Puedes
controlar tu destino
La mente es la creadora de todo. Es por ello que deberías
dirigir tu mente en tal forma que solo cree el bien. Si te aferras a un
determinado pensamiento, aplicando en ello tu fuerza de voluntad dinámica,
dicho pensamiento llegará finalmente a manifestarse en forma externa y
tangible. Y es así que, cuando eres capaz de utilizar tu voluntad con fines
únicamente constructivos, te conviertes en el amo de tu propio destino.
Se han mencionado recientemente tres importantes vías a
través de las cuales es posible activar la voluntad, tornándola verdaderamente
dinámica: 1)elige una tarea sencilla o alguna actividad que jamás hayas dominado
bien, y proponte desarrollarla en forma exitosa. 2) asegúrate de que tu
elección haya recaído sobre algo factible y constructivo a la vez, rechazando
toda idea de fracaso. 3) concéntrate en un solo objetivo, aplicando todas tus
capacidades y aprovechando cuanta oportunidad se te presente para materializar
tu propósito.
Mas debes siempre procurar obtener la certeza interior
–nacida de la serena profundidad de tu mas intimo ser- de que lo que persigues
es algo correcto, que te conviene conseguir, y que está de acuerdo con los
designios divinos. Una vez obtenida dicha seguridad, puedes entonces aplicar
toda la fuerza de tu voluntad para asl alcanzar tu objetivo, pero manteniendo
siempre tus pensamientos concentrados en Dios: la fuente suprema de todo poder
y de toda realización.
El temor
agota la energía vital
El cerebro humano es un almacén de energía. Dicha energía
esta siendo constantemente utilizada en los movimientos musculares, en el
trabajo del corazón, los pulmones y el diafragma, en el metabolismo de las
células tisulares y sanguíneas y en la labor del sistema telefónico
sensitivo-motor de los nervios. Además de todo esto, una tremenda cantidad de
energía vital se consume en todos los procesos intelectuales, emotivos y
volitivos.
El temor agota la energía vital; este es uno de los mayores
enemigos de la fuerza de voluntad dinámica. La fuerza vital que fluye
habitualmente a través de los nervios en forma constante, es exprimida de ellos
de tal manera a causa del temor, que los nervios mismos se comportan como si
estuviesen paralizados, y la vitalidad de todo el cuerpo se reduce. El temor no
te ayuda alejarte del objeto que lo provoca, sino que solamente debilita tu
fuerza de voluntad. Urgido por el temor, el cerebro genera un impulso inhibidor
que actúa sobre todos los órganos del cuerpo, constriñendo el corazón,
interrumpiendo las funciones digestivas, y provocando numerosas otras
perturbaciones físicas. Cuando se mantiene la conciencia enfocada en Dios,
no se puede abrigar temor alguno; se dispone entonces la capacidad para
vencer todos los obstáculos, a través del valor y la fe.
Un “deseo” es una aspiración carente de energía. Un
deseo puede o no ser seguido de una intención, esto es, del proyecto de
realizar algo concreto, de satisfacer, de hecho, un determinado anhelo. Mas
querer significa decir: “trabajo y trabajaré siempre, hasta que
consiga cumplir mi deseo”. Toda vez que ejerces tu fuerza de voluntad,
pones en acción el poder de la energía vital; mas no sucede así cuando deseas
en forma meramente pasiva el poder conquistar un determinado objetivo.
Los fracasos
deberían incitar a la determinación
Incluso los fracasos deberían actuar como estimulantes
sobre tu fuerza de voluntad y sobre tu crecimiento material y espiritual. Toda
vez que se ha fracasado en cualquier proyecto, es conveniente analizar cada
factor en la situación, con el objeto de eliminar toda posibilidad futura de
repetir los mismos errores.
La estación del fracaso es el periodo mas propicio para
sembrar las semillas del éxito. Aun cuando seas azotado por el látigo de las
circunstancias, mantén la cabeza erguida. No importa cuantas veces hayas
fracasado, trata siempre una vez más. Aun cuando creas que ya no podrás
continuar luchando, o que has hecho ya todo cuanto podías, lucha siempre, hasta
que tus esfuerzos se vean coronados por el éxito. Un breve relato aclarara el
punto anterior.
A y B se encontraban luchando. Al cabo de un largo tiempo,
A se dijo a sí mismo: “un momento mas, y caeré desplomado”, mas,
simultáneamente B pensaba: ¡”solo un golpe más, y habré triunfado!” y,
asestándolo, vio cómo A se desplomaba. Así debes ser tu: asesta siempre ese
golpe final. Utiliza el invencible poder de la voluntad para superar todas las
dificultades de la vida.
Cuando, luego de un fracaso, reinicias tus esfuerzos con
renovados bríos, tales esfuerzos son verdaderos agentes de crecimiento; mas
para que den fruto, deben estar bien planeados e imbuidos de una fuerza de
voluntad dinámica y de una atención siempre creciente.
Supone que has fracasado hasta el presente. Seria necio,
entonces, aceptar el fracaso como un decreto del “destino”. Es preferible morir
luchando, antes que abandonar tus esfuerzos mientras exista aun una posibilidad
de realizar algo más; pues, incluso cuando llegue la muerte, pronto deberás
reiniciar tu lucha en otra vida. Tanto el éxito como el fracaso no son sino los
justos resultados de tus obras pasadas, más tus obras actuales. De modo que
deberías estimular todos los pensamientos de éxito de tus vidas pasadas, hasta
que, una vez revitalizados, se tornen capaces de dominar la influencia de todas
las tendencias al fracaso que existan en tu vida presente.
La diferencia entre un hombre de éxito y un hombre
fracasado no reside en la cantidad o magnitud de las dificultades con que se
han enfrentado ambos, sino en que el primero, aun cuando haya afrontado quizás
mayores dificultades, ha dominado el arte de rechazar siempre toda idea de
fracaso. Deberías transferir tu atención del fracaso al éxito, de las
preocupaciones a la calma, de las divagaciones mentales a la concentración, de
la inquietud a la paz, y de la paz a la divina dicha interior. Cuando alcances
este último estado de realización del ser, habrás cumplido gloriosamente con el
propósito de tu vida.
La necesidad del auto análisis
Otro secreto del progreso consiste en el auto análisis. La
introspección es un espejo en el cual te es posible contemplar algunos recodos
de tu mente; sin su práctica, estos permanecerían ocultos a tu vista.
Diagnostica la causa de tus fracasos y – haciendo un balance de tus buenas y
malas tendencias- analiza lo que eres, lo que deseas llegar a ser, y cuales con
los defectos que te lo impiden. Determina primero cual ha de ser la verdadera
naturaleza de tu obra personal –es decir, cual es tu misión en la vida- para
aplicarte luego a la tarea de transfórmate en lo que deberías y quieres ser. A
medida que tu mente se mantenga cada vez más enfocada en Dios, y te sintonices
así con su voluntad, progresarás en tu sendero con una seguridad cada vez
mayor.
Aun cuando tu propósito fundamental consiste en encontrar
tu camino de regreso hacia Dios, tienes que desempeñar también una determinada
labor en el mundo exterior. Y es la voluntad, combinada con la iniciativa, lo
que te ayudará a reconocer y cumplir dicha labor.
El poder creador de la iniciativa
¿En que consiste la iniciativa? Ella es una intima facultad
creadora, una chispa del creador infinito en tu interior. Es ella quien te dota
del poder de crear algo que nadie ha creado jamás, impulsándote a realizar las
cosas en una forma nueva, original. Si observas las obras de un individuo de
iniciativa, te parecerán tan espectaculares como un meteorito. Creando algo a
partir aparentemente de la nada, dicha persona te demuestra lo que parece
imposible puede tornarse posible, a través del empleo personal del tremendo
poder inventivo del espíritu. La iniciativa te capacita para pararte sobre tus
propios pies, libre e independiente; es uno de los atributos del éxito.
Contempla la imagen de Dios en todos
los hombres
Muchos son los que suelen justificar sus propias faltas,
mas juzgan duramente las ajenas; deberíamos invertir tal actitud, excusando los
defectos de los demás, mas examinando crudamente los propios.
Puede que, en determinadas ocasiones, sea indispensable
analizar a otras personas; en tal caso, lo importante es recordar que, en el
acto del análisis, debes mantener tu mente libre de todo prejuicio. Si
sostienes un buen espejo firmemente en tus manos, reflejará los objetos que
coloques ante él en forma fiel, sin distorsión alguna, así mismo una mente
imparcial actúa como un perfecto espejo firmemente sujeto, en el cual se
reflejan fielmente las imágenes de las personas, sin ser distorsionadas por las
oscilaciones de los juicios precipitados.
Aprende a ver a Dios en todos los hombres,
independientemente de su raza o credo. Solo cuando comiences a sentir tu unidad
con todo ser humano, conocerás qué es, en verdad, el amor divino, y no antes. A
través del servicio mutuo nos olvidamos de nuestro pequeño ser y vislumbramos
al único ser infinito, al Espíritu que une a todos los hombres.
Los hábitos del pensamiento
controlan tu vida
Los hábitos tienen el poder de acelerar o de retardar el
éxito. Son tus hábitos mentales cotidianos los que modelan tu vida; ella no se
rige tanto por tus inspiraciones pasajeros o brillantes ideas. Los hábitos del
pensamiento funcionan como imanes, atrayendo hacia ti determinados objetos,
personas o condiciones. Los buenos hábitos del pensamiento te capacitan para
atraerte diversos beneficios y oportunidades, mientras que los malos hábitos
del pensamiento te atraen hacia personas de mentalidad materialista y hacia
ambientes favorables.
Si aspiras a acabar con un mal habito, debilítalo primero
evitando toda circunstancia tendiente a provocarlo o a estimularlo, mas evita
concentrarte en él, en tu celo por evadirlo.
Encauza luego tu mente hacia algún buen habito, cultivándolo en forma
constante, hasta que se convierta definitivamente en parte de tu ser.
Hay en nuestro interior dos fuerzas opuestas, entregadas a
una lucha constante. Una de ellas nos insta a hacer lo que no debiésemos,
mientras que la otra nos urge a realizar lo debido, lo que parece difícil; una
es la voz del mal, y la otra es la voz del bien, o de Dios.
A través de duras lecciones cotidianas, algún día llegarás
a ver claramente que los malos hábitos alimentan el árbol de los insaciables
deseos materiales, mientras que los buenos hábitos alimentan el árbol de las
aspiraciones espirituales. Deberías concentrar tus esfuerzos cada vez más en
desarrollar exitosamente el árbol de la espiritualidad, de modo que puedas
algún día cosechar del fruto maduro de la realización de tu verdadero ser.
Si eres capaz de liberarte de todo tipo de malos hábitos, y
eres capaz de actuar correctamente porte te nace hacerlo – y no solamente con
el objeto de evitar el dolor que acompaña a una mala acción- sabrás entonces
que estás progresando de verdad en el espíritu.
Solamente cuando desechas de ti todos tus malos hábitos,
eres verdaderamente libre. Tu alma jamás conocerá la libertad mientras no
llegues a ser el verdadero amo de ti mismo, mientras no seas capaz de obligarte
de realizar lo debido, aun cuando no lo desees. En este poder de
autocontrol, yace la semilla de la libertad eterna.
Se han mencionado ya diversos importantes atributos del
éxito: los pensamientos positivos, la voluntad dinámica, el auto-análisis, la
iniciativa y el autocontrol. Numerosos libros populares destacan una o más de
estas condiciones, más no prestan atención alguna al poder divino que yace en
fondo de todas ellas. La “sintonización” (armonización) con la voluntad divina
constituye el factor más importante para atraer al éxito.
El poder de la voluntad divina es la fuerza que mueve el
cosmos y todo cuanto hay en él. Fue la Voluntad de Dios la que arrojó las
estrellas en el espacio y es Su Voluntad la que sostiene a los planetas en sus
orbitas, y dirige los ciclos de nacimiento, crecimiento y decadencia en todas
las formas de la vida.
El
poder de la voluntad divina
La voluntad divina no conoce fronteras; opera a través de
las leyes tanto conocidas como desconocidas, tanto naturales como aparentemente
sobrenaturales. Ella puede modificar el curso de un destino, resucitar a los
muertos, arrojar montañas al mar, y crear nuevos sistemas solares.
El hombre, creado a imagen de Dios, posee también en su
interior esa misma omnipotente fuerza de voluntad. La suprema responsabilidad
del hombre consiste en descubrir cómo mantenerse en armonía con la Voluntad
Divina; y ello se logra a través de la práctica de la meditación (1) en forma
correcta.
(1) La meditación es aquel tipo
especial de concentración en la cual la atención se ha liberado –mediante la
aplicación de técnicas científicas de yoga- de la inquietud del estado en que
se es consciente del cuerpo, para enfocarse totalmente en Dios. Las lecciones
de self-realization fellowship proporcionan instrucción detallada sobre ésta
ciencia de la meditación (nota del editor).
Cuando actúa guiada por el error, la voluntad humana nos
extravía; mas cuando es guiada por la sabiduría, dicha voluntad humana se
encuentra sintonizada con la voluntad divina. Dios abriga un plan para cada uno
de nosotros, y si pudiésemos seguirlo fielmente, contaríamos con una guía interior
que nos salvaría de los abismos de la desgracia; mas frecuentemente su plan se
ve oscurecido por los conflictos de nuestra vida, y perdemos así dicha guía.
Dijo Jesús: “cúmplase tu voluntad”. Cuando el hombre
sintoniza su voluntad con la voluntad de Dios –la cual opera guiada por la
sabiduría- él está de hecho empleando la voluntad divina. Todos los hombres
pueden llegar a alcanzar la armonía perfecta con la voluntad del Padre
Celestial. Por medio de la práctica de las técnicas correctas de meditación,
desarrolladas en la antigüedad por los sabios de la India.
Del
océano de la abundancia
Tal como todo poder yace en la voluntad divina, así también
todo don espiritual y material fluye de la inagotable fecundidad divina. Con el
objeto de capacitarte para recibir los dones de Dios, debes desterrar de tu
mente toda idea de limitación y de pobreza. La Mente Universal es perfecta
y no conoce carencia alguna: si deseas ponerte en contacto con tan infalible
fuente de abastecimiento, debes mantener en tu mente una conciencia de
abundancia, aun cuando no sepas de donde podrá llegarte el próximo centavo,
evita toda aprensión. Si realizas tu parte en la faena, confiando en que Dios
realizará la suya, descubrirás que misteriosas fuerzas vienen en tu ayuda, y
que tus deseos constructivos se materializan prontamente. Semejante confianza,
así como también una conciencia de
abundancia, se logran por medio de la meditación.
Puesto que Dios es la fuente de todo poder, paz y
prosperidad, no persigas tus deseos ni te pongas en acción jamás, sin comulgar
con Él primero. Al proceder de ésta forma, pondrás tanto tu voluntad como tu
actividad en la disposición adecuada para conquistar las más altas metas. Tal
como no puedes transmitir ningún mensaje a través de un micrófono arruinado,
tampoco es posible emitir plegaria alguna mediante un micrófono mental
descompuesto por la inquietud. Repara, por lo tanto, tu micrófono mental y
aumenta la receptividad de tu intuición, por medio del ejercicio de una
profunda calma interior; de esta forma te capacitarás tanto para transmitirle
tus mensajes a Dios de manera efectiva, como para recibir sus respuestas.
La vía de la meditación
Una vez que has reparado tu radio mental y te encuentras
serenamente sintonizado con vibraciones constructivas, ¿cómo puedes hacer uso
de dicho instrumento psicológico para ponerte en contacto con Dios? El método
correcto de meditación te aporta la vía.
A través del poder de la concentración y de la meditación,
es posible encauzar el inagotable potencial de tu mente en tal forma que te
conduzca hacia la materialización de tus deseos, protegiendo a la vez todas las
puertas contra la entrada del fracaso. Todos los hombres y mujeres de éxito
dedican un tiempo considerable a la concentración profunda. Ellos son capaces
de sumergirse hondamente en el océano de sus propias mentes, descubriendo allí
perlas de las soluciones correctas para los problemas que les preocupan. Si
aprendes cómo retirar tu atención de todos los objetos de distracción,
concentrándola por entero en un solo objeto, aprenderás también cómo atraer a
voluntad todo cuanto necesites.
Antes de comprometerte en cualquier asunto de
trascendencia, siéntate serenamente, aquieta tus sentidos y tus pensamientos, y
medita profundamente; será guiado entonces por el gran Poder Creador a
continuación, deberás emplear todos los medios materiales necesarios para
conquistar tu meta.
No necesitas en tu vida sino solamente aquellos objetos que
te servirán de ayuda en la realización de tu propósito fundamental. Todo
aquello que tal vez deseas, mas no necesitas, puede desviarte de tal propósito.
Solo se alcanza el éxito cuando se subordina todo lo demás en función de tu
objetivo primordial.
El
éxito se mide por la felicidad
Piensa detenidamente si acaso la conquista de la meta que
has elegido te significará o no el éxito. ¿Qué es lo que constituye el éxito?
Si dispones, por ejemplo, de salud y de riquezas, mas tienes conflictos con
todo el mundo –incluso contigo mismo- entonces tu vida no es ciertamente exitosa.
Vana se vuelve tu existencia cuando no puedes encontrar en ella la felicidad.
Cuando pierdes tu fortuna, has perdido poco; cuando pierdes la salud, has
perdido algo de mayor trascendencia; mas cuando pierdes tu paz mental, entonces
has perdido, en verdad, el mayor tesoro.
El éxito, por lo tanto, debería medirse por el criterio de
la felicidad, es decir, por tu capacidad para permanecer en serena armonía con
las leyes del cosmos. No es posible medir correctamente el éxito aplicando los
barómetros mundanos de la riqueza, el prestigio y el poder, ya que ninguno de
ellos garantiza la felicidad, salvo que sean empleados en forma correcta. Y
para poder hacer un uso correcto de tales dones, debemos poseer sabiduría, y
amar a Dios y a los hombres.
Dios no te premia ni te castiga. Él te ha dotado del poder
de autopremiarte o de autocastigarte, por medio del uso o abuso que hagas de tu
propia razón y de tu fuerza de voluntad. Cuando se transgreden las leyes de la
salud, la prosperidad y la sabiduría, inevitablemente se debe sufrir la
enfermedad, la pobreza y la ignorancia. Así pues, deberías fortalecer tu mente,
y rehusar continuar soportando la carga de tus propias debilidades psicológicas
o morales, adquiridas en el pasado: quémalas en el fuego de tus divinas resoluciones
presentes y de tus buenas obras actuales; a través de esta constructiva
actitud, alcanzarás la libertad.
La felicidad depende en cierto grado de las condiciones
externas, pero, fundamentalmente, de nuestras actitudes mentales. Para ser
felices deberíamos poseer buena salud, una mente equilibrada, una vida
próspera, un trabajo adecuado, un corazón agradecido y, sobre todo, sabiduría o
conocimiento de Dios.
Si adoptas la firme resolución de ser feliz, ello te
ayudará. No esperes que las circunstancias se modifiquen, pensando erróneamente
que es en ellas en donde yace el problema. No hagas de la infelicidad un habito
crónico, afligiendo así a quienes te rodean y a ti mismo. El hecho de que seas
feliz constituye una verdadera bendición, tanto para ti mismo como para los
demás. Si posees la felicidad, lo posees todo; ser feliz es estar en armonía
con Dios. Tal capacidad de ser feliz viene a través de la meditación.
Permite que el poder de Dios guié
tus esfuerzos
Pon en acción el poder que ya tienes, empleándolo en
propósitos constructivos, y desarrollaras así mayor poder. Avanza en tu sendero
con una actitud de inquebrantable determinación, empleando todos los atributos
del éxito en tu empresa. Sintonízate con el Poder Creador del espíritu. Estarás
entonces en contacto con la Inteligencia Infinita, capaz de guiarte y de
resolver todos los problemas. Así, desde la dinámica fuente de tu ser, manará
un interrumpido flujo de poder que te capacitará para desempeñarte en forma
creativa en cualquiera esfera de actividad.
Antes de decidir cualquier asunto de trascendencia,
siéntate en silencio, pidiéndole al Padre su bendición. Si obras así, en el
fondo de tu mente, estará su Mente; y en el fondo de tu voluntad, Su Voluntad.
No puedes fracasar si Dios trabaja contigo; y cuando así sucede, todas tus
facultades aumentan su poder. Cada vez que realizas tu trabajo con la idea de
servir a Dios, recibes sus bendiciones.
Aun cuando tu trabajo en esta vida sea humilde, no te
sientas obligado a justificarte por ello; siéntete mas bien orgulloso de estar
cumpliendo con la tarea que el Padre te ha dado. Él te necesita en tu lugar
particular, no todos pueden desempeñar el mismo papel. Mientras trabajes con
el objeto de complacer a Dios, todas las fuerzas cósmicas colaborarán
armoniosamente contigo.
Cuando convenzas a Dios de que le deseas a Él por encima de
todo, estarás en armonía con Su Voluntad. Cuando continúas buscándole, a pesar
de todos los obstáculos que surgen a tu paso para alejarte de Él, ésta es la
voluntad humana en su forma más altamente constructiva. Y es en ésta forma como
pondrás en acción la Ley del Éxito, conocida por los sabios de la antigüedad, y
comprendida por todo ser humano que haya alcanzado el verdadero éxito. El Poder
Divino está en tus manos, si realizas un decidido esfuerzo por hacer uso de el
para alcanzar la salud, la felicidad y la paz. En la medida en que abarque
éstas metas en tu vida, avanzarás ciertamente por el camino de la
autorrealización (o realización de tu ser espiritual), hacia tu verdadera
morada en el Señor.
buenazo
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